[CRITICA] Trash, Ladrones de esperanza

miércoles


En un entorno de suciedad, pobreza y favelas, tres chicos encuentran una cartera con una información que puede poner en jaque a todo el gobierno corrupto de un país como Brasil. Bajo este marco argumental parte la historia de “Trash, ladrones de esperanza”, una película dirigida por el director de películas tan diversas como “Billy Elliot”, “Las horas”, “El Lector” o “Tan fuerte, tan cerca”. Solo con estas referencias ya deberíamos hacernos a la idea de la calidad de la película, que desde ya os adelanto que es lo suficientemente alta. Aunque en este caso creo que la calidad de la película apela mas al buen sabor de boca que deja al final que a los aspectos puramente técnicos.


Supongo que para hacer un artículo original lo correcto sería no hacer ninguna comparación con “Ciudad de Dios” o “Slumdog Millonaire”, pero sería imposible. Las similitudes son tantas que sería extraño evitar las referencias a estos films ya que las tres películas parten de una historia de chavales que viven en la pobreza y tienen que buscarse la vida de cualquier manera, aunque sea buscando entre la basura. De “Ciudad de Dios” coge su lado pandillero mas corrupto y las diferencias sociales de Brasil. En “Slumdog Millonaire”, el protagonista también se ganaba la vida trabajando en un vertedero y finalmente tiene que enfrentarse a todo tipo de organizaciones. Al margen de esto, lo verdaderamente similar entre todas ellas es que el ambiente general que impregnan las tres obras tienen básicamente el mismo color, aunque sin quererlo me haya salido una metáfora sobre su planteamiento étnico.

Es cierto que Trash no tiene un desarrollo del argumento tan elocuente como en las dos películas mencionadas, e incluso diría que es precisamente lo menos atractivo del film. La primera media hora se desarrolla con líneas argumentales paralelas lo suficientemente bien desarrolladas. Pero una vez puestas todas las cartas sobre la mesa, algunos fallos de guión y la manera de solucionar determinados eventos y pistas me dejaron con la cara un poco torcida. A partir de ahí la película se sustenta casi exclusivamente por su denuncia social y sobre todo por la presencia de los tres protagonistas, que acaparan toda la atención, sobre todo por el magnetismo de Rickson Tevez, el protagonista, un pequeñajo que podría colar por una versión infantil de Bruno Mars que lo hace extremadamente bien.

Trash funciona, en gran parte, gracias a ellos y a esa energía contagiosa que trasmite su optimismo brasileño, pese a estar rodeado de miseria, y ese encanto subyacente del producto fácil hecho para gustar. Las historias basadas en chavales siempre tienen ese aura de aventura a lo Tom Sawyer y ensalzan la camaradería de unas personas que todavía creen en la amistad por encima de todas las cosas. En este sentido estremece ver almas tan puras dentro de un entorno que acabará por ensuciársela a golpe de injusticias. Sin duda tiene un buen ritmo, unos sucesos interesantes y un mensaje final optimista con buenas intenciones. No es el thriller que intentan vendernos si no mas bien una historia de aventuras, con un trasfondo anti corrupto que sabe tocar las teclas necesarias para llegar a la sensibilidad de los espectadores menos exigentes.


Puede que no se encuentre a la altura de los anteriores títulos de su director. “Billy Elliot” y “El Lector” pusieron el listón bastante alto, y solo por el estremecedor discurso final en voz en off de “Las horas” la película ya resulta sublime (aunque el resto de la película sea bastante tostón). Pese a todo, creo que es una película que puede marcar si te coge en el momento apropiado. En definitiva, y dejando a un lado la pedantería propia de los críticos de cine, creo que no hay que tomarse la película demasiado en serio y disfrutar con su mensaje y olvidar sus fallos, que los hay, como su falta de profundidad en los personajes o que es un tanto blandurria a la hora de abordar ciertos temas. Sin embargo, Trash es el medicamento perfecto para ese mal día en el que no te apetece pensar mucho, capaz de cambiarte el humor sin ni siquiera ser una película de humor. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y Trash, de eso, sabe mucho. Muy recomendable, casi diría que imprescindible.


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