Me
parece un poco injusto que ante esta película la mayor parte de la gente se
quede con las escenas de sexo. Si, las hay, y son muy
explicitas (de hecho, son extremadamente detallistas), pero creo que hay mucho
mas que valorar en una película de 3 horas que no es que brille por su
argumento precisamente, si no por otros aspectos menos casuales. Hay mucho en lo que
fijarse, la presencia del color azul en cada una de las escenas o la física de
su propuesta demostrada en todo tipo de fluidos corporales y en situaciones de
comida donde se alimentan como cerdos. Pero sobre todo, hay que fijarse en
Adele Exarchopoulos, metida en un papel dramático como jamás habréis visto. Una
verdadera bomba.
La vida de Adele parte de una historia muy sencilla, y está
basada en una novela gráfica llamada “El azul es un color cálido”. Advierto de
antemano que no he visto esa obra pero si sé que se trata de una especie de
novela gráfica en la que una adolescente descubre su sexualidad lesbiana a
través de Emma, una chica mayor que ella con el pelo teñido de azul. Sé,
también, que hay variaciones argumentales entre ambos formatos pero no voy a
entrar en ellos porque no me gusta opinar sobre algo que no he visto. El
argumento es básicamente ese. Una niña de 14 años, que no encuentra su
identidad, conoce a una chica con la que compartirá su vida hasta que se hace
mayor. No parece un argumento digno de estirarse 180 minutos, y sin embargo, lo
hace.
Pero no creo que el principal atractivo de la obra sea su
trama, o la inexistencia de esta, si no su complejidad técnica, filosófica y
sentimental. La vida de Adele es brillante en muchos sentidos, pero tiene
ciertos rasgos que le hacen especialmente excepcional y diferente al cine
convencional. Y hay tantos matices que es difícil desarrollarlos cuando hace ya
un tiempo que vi la película, con lo que muchos detalles se me habrán escapado
a estas alturas. Aún así, reconozco que es un film para desgranar hasta el
desfallecimiento. Lo mejor de todo es que cada uno puede hacerlo a su manera.
Primeramente llama la atención la naturalidad general de
todo lo que rodea el film. Su veracidad es completamente sincera. Y como prueba
representativa de todo ello es que no existe el maquillaje. Los actores y
actrices salen tal cual son. No hay ningún intento de edulcorar lo que se
muestra. Si en algún momento algún personaje sale maquillado es simplemente
porque la situación así lo requiere, ya sea porque se le ha invitado a una
fiesta u otra razón similar. En situaciones normales, no se hace uso del rímel
y el pote para que alguien salga mas guapo. De hecho, Lea Seydoux, actriz que
interpreta a Emma, parece ser que se quejó repetidas veces durante la filmación
de que su piel se veía demasiado pálida al teñirse el pelo de azul, pero el
director no quería ningún tipo de artificios.
Pero ese no es el único elemento de añadidura gratuita que
ha sido eliminado. En realidad, la forma de rodaje tiene bastantes paralelismos
con el género dogma. Uno de los principales y mas evidentes es que tampoco
existe una banda sonora. Al menos no tal y como la conocemos. En el género
dogma, si en algún momento hay que acompañar la escena con una melodía, la
música tiene que estar sonando en un estricto directo mientras se rueda la
escena. Es decir, que no se añade en post-producción. Muchas veces podremos ver
incluso bandas de música pasando por el fondo que en realidad no pintan nada en
ella, desapareciendo cuando la escena acaba. El espectador que se pone a ver
una película de este género, claro está, sabe a lo que se atiene. En la vida de
Adele ocurre un poco de lo mismo, pero sin la banda de música. Si en algún
momento escuchamos sonar una melodía o una canción, es porque los actores
también la están escuchando en ese momento, ya sea porque suena en la radio o
en un equipo de sonido. En ningún momento se utiliza como acompañamiento para
acentuar un sentimiento o una situación. En todos los casos, los personajes son
conscientes de que está sonando la misma música que nosotros escuchamos.
Siguiendo con su técnica, es especialmente llamativo la
fisicidad que desprende el film. Fluidos corporales, mocos, babas y demás
aspectos relacionados con las secreciones del cuerpo humano se muestran aquí
sin ningún tipo de tapujos. Incluso a la hora de comer parecen no tener ningún
tipo de modales cuando sorben un espagueti con el morro manchado de tomate o
hablan y se ríen con la boca llena de Kebap de cordero. A algunos le resultará
molesto pero creo que es una manera de llegar a la primigenie humana y mostrar
el lado mas íntimo y natural de los personajes, como si realmente no estuviesen
actuando. Es imposible ver eso en otra película. Además, ese tipo de
comportamiento corresponde a una situación privada, como si no hubiese una
cámara que les estuviese filmando. Como si mostrase cosas políticamente
incorrectas que solo hacemos en la intimidad cuando sabemos que nadie nos está
viendo.
De hecho, esa sensación de estar espiando la escena es la
técnica principal con la que se ha rodado el film. La sensación de intrusismo
del espectador es clave para entender porque “La vida de Adele” es tan
especial. El espectador no contempla la escena mientras los actores hacen su
trabajo, el espectador directamente se mete en la escena como si fuera un
fantasma invisible del que nadie da cuenta. Nunca es importante el contexto, ni
la situación. Directamente las localizaciones no suelen tener mas importancia
que la escena. Por ejemplo, si vemos una familia cenando, no muestra una
familia cenando, nos sienta directamente en la mesa para que cenemos con ella.
Si hay una fiesta, no muestra la fiesta, seremos un personaje mas entre la
multitud. Si vemos Adele babeando la almohada, nos mete en la cama con ella. Y
para ello recurre a la cercanía, a esa sensación de formar parte de cada
situación. Todo está rodado tan de cerca que es prácticamente imposible ver una
cabeza entera en la imagen. La cara siempre acaba siendo cortada por algún
lado. Sin duda es una técnica arriesgada cuando, como he dicho, no se utiliza
maquillaje en ninguno de los personajes. Nunca la estética queda por encima de
la veracidad.
Adele Exarchopoulos se ha convertido en la musa del
director. No solo ha inventado una nueva forma de sufrir y llorar, la del
espasmo, si no que su papel es tan bestial que la película ha sido adaptada a
su nombre real, que es también el nombre que utiliza en la película y que no es
el del comic. Se ha apropiado del personaje. Lo cierto es que todo esto está justificado,
y el director se explaya en detalles como cuando se recoge la melena o enfoca
sus dientes apaletados y su boca de piñon. Lo cierto es que su belleza es
salvaje, leónica, en el mas estricto sentido de la palabra.
Polémicas con el director aparte, que al parecer llevaron a
las protagonistas a quejarse por llevarlas hasta el extremo con técnicas
cuestionables, creo que ha hecho un trabajo magnifico. Precisamente en una de las
escenas, la de la discusión (tranquilos, sabréis cual es), Adele me ganó con su
reacción ante una bofetada inesperada y en como la sorpresa le lleva a rendir los
hombros. Dura una decima de segundo, pero hay mas veracidad ahí que en la
mayoría de los papeles de otras actrices supuestamente mejor valoradas. En
general, las lesbianas (sin ánimo de ofender) acusan al director de intentar
saciar su curiosidad morbosa en las escenas de sexo (la verdad es que si que
duran bastante, casi excesivamente), pero me da un poco de pena que se queden única
y exclusivamente con eso. Es una película que habla, mas que sobre el amor, sobre la necesidad física de sentir a alguien,
así que la mayoría creerá que es un peñazo. Para mi, es una de las grandes
películas de los últimos tiempos.
Abajo os dejo el tráiler y un video que monté con las que yo
creo son escenas clave aprovechando la BSO de la película (Lykke Li).
SINOPSIS
Adèle (Adèle Exarchopoulos) tiene quince años y sabe que lo
normal es salir con chicos, pero tiene dudas sobre su sexualidad. Una noche
conoce y se enamora inesperadamente de Emma (Léa Seydoux), una joven con el
pelo azul. La atracción que despierta en ella una mujer que le muestra el
camino del deseo y la madurez, hará que Adèle tenga que sufrir los juicios y
prejuicios de familiares y amigos. Adaptación de la novela gráfica
"Blue", de Julie Maroh. (FILMAFFINITY)

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