[REVIEW] Never Alone

martes

Never Alone, o "Kisima Ingitchuna”, como se diría en Inupiak (su idioma nativo), es un título encantador e interesante. Ahora con el Plus, también gratis. Su concepto parte de la base de un plataformas folklórico, con un fuerte componente documental y un amor extremo hacia las costumbres y las creencias de, en este caso, ciertas minorías étnicas como los esquimales. Sigue la línea de otros plataformas indies con scroll horizontal, como Limbo. La historia es mítica, y el corazón y la verdad de todo un pueblo, cuya cultura se deriva en pequeñas leyendas, le confieren al título cierto poder atemporal. Precisamente por ese poder es por lo que me alegro de su existencia, aunque no me alegro tanto de las faltas en su diseño y ejecución.

En Never Alone encarnaremos a Nuna, una niña Inupiat (una tribu esquimal) y a su zorro ártico. Dos personajes que van juntos continuamente pero cuyo manejo podremos alternar en cualquier momento para aprovecharnos de las habilidades de cada uno. La niña es fuerte y puede mover cajas para saltar a plataformas superiores. El zorro es mas rápido y ágil, así que podremos utilizarlo para llegar a sitios de otra manera inaccesibles. La alternancia entre estos dos personajes nos permitirá ir superando los puzles y retos que nos plantee el juego aunque, eso sí, no esperéis grandes cosas. El objetivo final es buscar la fuente de una tormenta de nieve, que empieza a convertirse en eterna, y que hace peligrar la existencia del pueblo donde vive la niña. En mitad de todo esto, la mitología esquimal se encuentra muy presente, tanto en la narrativa como en el sentido de los retos y la manera de superarlos.

El juego no solo ofrecerá una serie de plataformas sin sentido, si no que las ventiscas y los temporales serán un componente crucial a tener en cuenta a la hora de jugar. Si el viento viene en contra puede echarnos de ciertas plataformas, para lo que tendremos que acurrucarnos en el suelo para suponer la menos resistencia posible. Si el viento viene a favor, podremos aprovecharlo para saltar distancias mas largas. El zorro también se utilizará para despertar ciertos espíritus que utilizaremos como plataformas y la niña dispone de una especie de honda, como la de David contra Goliat, que utilizaremos para derribar cosas fuera de nuestro alcance. Eso es todo.
Si bien no es como para desinstalar el juego, reconozco que me he topado con bastantes errores en los controles y movimientos muy imprecisos en los saltos. Resulta molesto tener que reiniciar desde el ultimo checkpoint simplemente porque tú, o el personaje que no estás manejando en ese momento, se queda atascado en alguna parte del escenario. Y eso cuando no morimos y el juego no lo detecta como tal, con lo que no se reinicia solo, o cuando hay rampas que dejan muy poco margen a la reacción, sobre todo al final de la historia. De todos modos, hay un generoso número de checkpoints y en ningún caso tendremos que repetir demasiadas cosas que ya hayamos jugado. Se agradece que sea así, ya que gran cantidad de muertes ni siquiera pueden considerarse que sean fallos nuestros.

Mientras que la historia del juego resulta ser bastante simplista, gran parte del atractivo del título se basa en los videos cortos que incluyen entrevistas y filmaciones del pueblo esquimal de Alaska. Hay muchos detalles interesantes que detallan su cultura e ir desbloqueándolos será el principal reclamo, o excusa, que utilizaremos para tener un motivo por el que seguir jugándolo. En mecánicas jugables “Never Alone” resulta ser extremadamente sencillo, aunque durante la recta final se esmera un poco mas y deja algún que otro momento bastante genial. Sin embargo, la mayor parte del juego nos limitaremos a saltar, muy de vez en cuando, en situaciones en las que directamente da igual a cual de los dos personajes manejemos. No es un juego que suponga un reto. Se concentra mas en la experiencia visual y en hacer honor a una filosofía de vida que en romper moldes u ofrecer mecánicas elocuentes. En este sentido el juego es un poco tonto, aunque afortunadamente tiene una duración justa como para que no sintamos que los tontos somos nosotros. En un par de horas podría superarse tranquilamente, pudiendo alargarse hasta las cuatro o cinco si nos dedicamos a ver todos los videos y las entrevistas.

Como el juego tiene dos protagonistas simultáneos, resulta ser un título ideal para que un segundo jugador tome el mando y podamos jugar al juego en modo cooperativo. Y gracias a Dios, porqué mas allá del modo historia no hay muchos motivos para volver a rejugarlo. Lamentablemente, no hay ninguna opción para el juego en línea así que, o tenemos un compañero físicamente a nuestro lado y con un mando, o después de superarlo dudamos que alguien pueda lanzarse estrepitosamente para jugar una segunda vuelta.
Es cierto, hay muchas cosas mejorables en “Never Alone”, pero solo en términos de jugabilidad. Visualmente es un título sólido, que asombra por la dureza del paisaje pero que a la vez es capaz de atraparnos por la fría atmósfera de Alaska. No lleva una Playstation 4 hasta sus límites pero sería muy prepotente no reconocerle el mérito de una sencilla pero bonita producción artística. En este sentido se le da al juego una sensación auténtica y veraz, amparada por el hecho de que todo el título rezuma frío, frotamiento de narices y casitas hechas con bloques de hielo. Se ha puesto especial esfuerzo en este aspecto, y el doblaje es a su vez un elemento de refuerzo para ello. Oiremos al narrador de la historia en un perfecto idioma ininteligible, el Inupiak. Un autentico puntazo.

“Never Alone” es, en definitiva, un título agradable y enriquecedor, aunque si buscas un buen plataformas, hay innumerables títulos que le mean en el ojo a Nuna y a su zorro. Es mas un experimento, algo nuevo en el mundo de los videojuegos que tradicionalmente no se utiliza para contar tales historias educativas. En este sentido es audaz y brillante, pareciéndose mas a un documental del National Geographic que a un videojuego en el sentido mas estricto de la palabra. Si buscas un juego, y solo eso, mejor vete pensando en otra cosa…

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