Si hay alguien que me ha venido leyendo estas últimas
semanas, sabrá que ahora mismo estoy inmerso en ese juego de rol polaco basado
en un semental brujo que se folla a todo lo que se menea. Se trata de Witcher3, un juego de CD Projekt
RED que por unos motivos u otros sigue anunciando noticias todos los días.
Reconozco que al principio no estaba conforme con un personaje impuesto (en
este caso Gerarld de Rivia) y era mas partidario de la filosofía “alter ego”.
Es decir, en general suelo preferir un editor de personajes, razas y atributos
que me permitan hacer de la experiencia de juego una experiencia propia y a la
carta, y mas tratándose de un RPG. Empero, no suelo sacar demasiado partido al
editor y siempre escojo personajes equilibrados y humanos, o lo que es lo
mismo: anodinos.
Supongo que la razón mas importante es la rapidez y la
facilidad para decantarse por un personaje así. A un ritmo relativamente alto de títulos
superados por mes, no suelo tener la paciencia suficiente como para estar
elucubrando que personaje me gustaría ser dependiendo de las características
del título. El personaje humano suele ser el mas equilibrado en atributos y,
ante la situación de no saber que podría suponerme en un futuro quedarme corto
en alguno de ellos, el humano suele ser el que cumple mas o menos bien en todos
ellos. Si otras razas me permiten tener un nivel de persuasión alto, puede que
tenga que sacrificar potencia de ataque, y aunque siempre llega el momento de
alegrarse de lo primero, también suele llegar el momento de arrepentirse de lo segundo. Obviamente, todo
es cuestión de sacar partido a esas cualidades, pero en primera instancia, y
dado que lo que me interesa es empezar a jugar cuanto antes, los personajes
equilibrados son la apuesta mas segura en estos casos. La falta de tiempo es,
pues, un factor importante.
Viéndolo con perspectiva, los juegos cambiantes en función
de esa elección tan importante son excelentes para las personas que les dedican
mucho tiempo a un mismo juego. Son muchos juegos concentrados en uno solo, y te
permiten repetirlo una y otra vez sin tener esa sensación redundante de estar
siempre jugando a lo mismo. En la mayoría de las ocasiones, escoger un enano o
un mago no cambia solamente sus atributos, si no también la mayoría de las
mecánicas de juego, e incluso llegar a cambiar el transcurso del argumento. Si
elegir un enano puede convertir el juego en un machacabotones, elegir un mago
puede hacerlo mas distante, pausado y estratégico, con lo que la percepción que
tenemos de él cambia completamente. Uno puede hacer que el resto de PNJ’s nos
tengan en relativa consideración y el otro puede generar cierta animadversión
en determinadas razas, con lo que podríamos llevarnos bien con unos pero mal
con otros. Cuestión de preferencias, pero los personajes estándares suelen
tener planteamientos mas equilibrados en estos sentidos.
Por si no ha quedado lo suficientemente claro, es
precisamente ese equilibrio lo que me hace apostar por este tipo de personajes.
Dado que no suelo repetir los modos campaña de los juegos extralargos, solo
tengo una oportunidad para juzgar un juego. En estos casos, prefiero dejar mi
valoración sobre la calidad final del juego en manos de sus creadores. Me lavo
las manos. Considero que no puedo valorar correctamente un juego por una mala elección que haya podido hacer yo mismo. Un buen juego puede ser completamente
insufrible si el personaje que elegiste creyendo ser el mejor luego resulta no
adaptarse a tu estilo y es difícil saber si el juego gusta por un acierto tuyo
o disgusta por torpeza de sus creadores. El chasis, el patrón del juego sin
adulterar debe ser el estado en el que ha de evaluarse un juego, valorando
claro las posibilidades de cambio y maleabilidad que puedan derivarse de las
elecciones que te permita hacer. Esto, solo puede hacerse si el personaje es lo
menos influyente posible, y los personajes estándares tienen precisamente esa
cualidad. Te permiten abordar el juego desde la perspectiva original, esa idea
inicial desde la que partió todo.



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