Buenas noticias para los que en su día compraron Journey
para PlayStation 3 y hoy tienen una Playstation 4. Si aprovechan ahora las
ofertas del mes en la Store de Sony, la descarga de su remasterización les va a
salir gratis. No es que esta revisión del juego incluya nada nuevo, pero un
planteamiento tan visual y contemplativo como el de Journey siempre se
experimenta mejor a 1080p y 60FPS. Mejoras técnicas aparte, nos encontramos
exactamente con el mismo juego, un viaje parco y conceptual a lo alto de una montaña
donde el objetivo no es llegar al fin, si no disfrutar del camino. No se trata
de un título pensado para las masas o aficionados del Call Of Duty, si no un
“sleeper” del que los jugadores mas casuales deberían huir como de la peste…
Para entender Journey, solo hay que vivir la experiencia.
Journey es capaz de generar un universo místico alrededor de él sin siquiera
dar una sola explicación. De hecho, no hay una simple escena introductoria, no
hay textos, no hay absolutamente nada que nos explique de dónde venimos ni
porque debemos llegar hasta la cima de aquella montaña del fondo. Solo sabemos,
y sin saber muy bien como ni porque, que ese será nuestro objetivo. Esa estoica
manera de plantear el juego se extiende además a diversos patrones dentro del
juego, como veremos, dejando la verdadera esencia del título en el mero hecho
disfrutar puramente de la experiencia de jugarlo. Tanto es así, que cualquier
frivolidad mediática acabará pasando a un segundo plano dejando en serios
compromisos los argumentos de cualquiera que diga que los videojuegos no pueden
ser arte.
Journey comenzará en pleno desierto y controlaremos a un
personaje que, a priori, no dispone de brazos. Una montaña al fondo nos marcará
el camino a seguir y en determinados puntos, puede que de vez en cuando
tengamos que realizar algo. Algo sencillo, simple, sin excesivos retos
jugables, saltando, deslizándonos por la
arena o planeando por el aire a favor del viento de una manera casi poética, ni
siquiera tendremos enemigos con los que acabar. Un paño o bufanda a nuestro
cuello será lo que podríamos considerar el HUD del juego porque esto será lo
mas parecido que tendrá el título con un videojuego común. Este paño,
dependiendo de su longitud, nos indicará el número de “vidas” (si se les puede
llamar así) de las que disponemos. Conforme vayamos recogiendo otros paños mas
pequeños lo recargaremos permitiéndonos dar grandes saltos hasta que vuelva a
gastarse completamente.
Básicamente, eso es todo lo que ofrece Journey, una
jugabilidad simple, mas propia de “Flower” o “Nights into dreams” y un aspecto
estético que parece heredado de Shadow of the Colossus. El plano emocional en
el que nos sumerge el título es tal que, a pesar de no presentar ningún gran
reto, seguiremos incitados en seguir hacia delante simplemente para descubrir
ese incierto paraje por el que transcurre toda la aventura. Sin duda, lo
verdaderamente revolucionario es precisamente ser capaz de ofrecer una grata
experiencia sin ofrecer demasiado a cambio, solamente dejando en manos de la
imaginación del jugador la causa y la razón de ser de todo su universo. Un
universo que rebosa belleza y épica y se mire por donde se mire.
En principio, este grandioso “viaje” estará planteado para
realizarlo a solas. Sin embargo, si tenemos conexión a internet podremos ver,
de vez en cuando, otros personajes similares al nuestro pululando por los
mismos escenarios que nosotros. Hay que dejar claro que no veremos a todos los
jugadores que se encuentren conectados en ese momento (sería una verdadera
locura), si no que la gestión del juego solo nos permitirá ver uno cada vez. Si
así lo estimamos, podremos unirnos a él y realizar el viaje juntos aunque no
sea realmente necesario. En este caso podremos aprovecharnos de la ventaja de
poder rellenarnos la bufanda mutuamente, siempre que nos encontremos lo suficientemente
cerca el uno del otro. A pesar de obtener esta ventaja, en realidad llega a ser
un componente jugable casi secundario priorizando mas el hecho de no ir solo y
compartir la experiencia con otro jugador.
Y así, mediante una especie de ley no escrita, nos iremos
juntando “porque si” a otros jugadores dentro del mundo de Journey, dando lugar
a una experiencia compartida mucho mas satisfactoria que hacerlo en solitario.
Lo mas curioso de esta posibilidad es que en ningún caso podremos invitar a otros
jugadores, ni sabremos de quien se trata, ni podremos comunicarnos directamente
con ellos a través del juego. Todas esas cuestiones tan habituales y ese patrón
tan típico del resto de títulos, pasa en Journey a un plano completamente
superfluo. En resumidas cuentas, la naturalidad del encuentro será tal que
creeremos que se tratan simplemente de una de las mejores IA’s que hemos podido
ver en un título. Por otro lado, este sería otro claro ejemplo de la propuesta
de Journey respecto a lo que es realmente importante para la experiencia de
juego y lo que no. Es precisamente todas esas cosas las que hacen de Journey un
título diferente, y esa distinción es lo que hace precisamente grande al
título.
Como es obvio, pocas de estas cosas habrían sido posibles
sin un gran poderío artístico. Journey es visualmente muy potente, fuerza bruta
en cuanto a ambientación y grandiosidad. Como hemos dicho, su aspecto estético,
su arquitectura y la amplitud de los escenarios recuerdan mucho al juego de
Fumito Ueda. Los entornos por los que pasearemos serán completamente
majestuosos, sin grandes lujos técnicos, ni ostentosidades extremas y haciendo
uso de paletas de colores relativamente restringida. Esa austeridad nos
acompañara durante toda la aventura a través de diferentes escenarios, pero su
lado artístico es de tal magnitud que cualquier exhibición gráfica quedaría
fuera de lugar, como si no perteneciese realmente al mundo que se presenta ante
nuestros ojos.
A pesar de todo, no esperéis un juego desfasado a nivel visual.
Su vigorosidad estética no está peleada con algunos trucos técnicos que
conviene destacar, como el tratamiento de partículas (sobre todo en pleno
desierto), las físicas en cuanto a tejidos, o determinados agentes
meteorológicos que ahora, en PS4, se ven mejor que nunca. El comportamiento de
la cámara es sensacional y todo lo que veremos en pantalla constará de un
estilo visual extraordinario con una armonía casi homérica y sobre todo,
solemne.
Por último, el apartado sonoro no hace si no consolidar un juego
que ya es mágico en sí mismo. La banda sonora será orquestal y tendrá
diferentes melodías con diferentes registros, pero en todos los casos su
calidad y su carácter onírico estará fuera de toda duda. Por otro lado, no hay
excesivos recursos en cuanto a efectos especiales. Los personajes no hablan, y
como hemos dicho tampoco habrá comunicación verbal entre jugadores a través del
micro. Lo mas parecido serán unos escuetos sonidos que podremos emitir para
indicar algo a un posible acompañante y a su vez indicarle en que parte del
escenario nos encontramos en el caso de que nos perdamos de vista. Pero eso
será todo. Suficiente y demasiado a la vez.
Y esto será básicamente lo que nos encontraremos en Journey.
Lamentablemente, ningún texto escrito sería capaz de explicar que fibras toca
dentro de cada jugador e incluso reconocemos que es un título que resultará muy
incomprendido dentro del mercado casual. A pesar de todo, desde notforcasuals
recomendamos su compra, por su naturaleza atípica y por hacer gala de un “menos
es mas” que ha quedado olvidado en un mercado donde imperan los juegos de
tiros, los musculitos y las glándulas mamárias. Y ese “menos es mas” es también
una cualidad que también se extiende a su duración en proporción a su precio.
Avisamos de que el juego es fácilmente superable en menos de dos horas, pero
Journey nos incitará a repetirlo varias veces como si fuese un viaje temático
del que difícilmente nos aburriremos. Jorney son emociones primitivas y arte
digital en estado puro.



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