Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y que las
sagas pierden el norte cuando cambian el reparto original, así que no deberían
de haber muchas expectativas puestas en Creed, la que podría considerarse como
la séptima parte de la saga de Rocky. Sin embargo, a partir de ahora este
cliché va a dejar de ser cierto. El nuevo rumbo de la franquicia (con nuevo
protagonista y Rocky como entrenador) es lo suficientemente respetuosa con la
saga original como para formar parte de ella, pero también lo suficientemente
autosuficiente como para erigir su propio camino. Además, uno no tiene todos
los días la oportunidad de ver una obra por la que Silverter Stallone haya sido
nominado a un Oscar…
No voy a ocultar que se trata de una entrega enlace. Está
claro que Stallone no va a aguantar mucho mas haciendo este tipo de películas
así que Creed puede plantearse como el capitulo piloto de una saga nueva,
basada en el hijo de Apolo Creed. El guión se ha cubierto las espaldas por lo
que pudiera pasar en un futuro. Michael B. Jordan (y no es el de los Chicago
Bulls), es el actor que interpreta ese papel. Sereno y carismático, consigue
hacer suyo cada plano, y los combates de boxeo (pocos por cierto) se ruedan en
plano secuencia y bajo una premisa épica, especialmente el previsible último
combate. Silvester Stallone está mejor todavía, lo hace excepcionalmente bien,
pero no creo que sea como para estar nominado a ningún tipo de premio.
Sencillamente, creo que es mas merito del papel que del actor el hecho de que
le vaya tan al pelo.
Como he dicho, Creed pretende hacer su propio camino, y el
final abierto deja claro que así va a ser. Creed no pretende reinventar el
género y conoce sus orígenes. De hecho, no es que los conozca, si no que
también los respeta, haciendo constantes homenajes a la saga y especialmente a
determinados momentos, como el entrenamiento con gallinas. Pero respetar el
producto original no significa copiarlo. La película está actualizada al
presente, donde los móviles tienen mucha presencia, las redes sociales acaparan
mucha atención y el fulgor del espectáculo esperpéntico es muchísimo mayor hoy
que hace 40 años. Capta la nostalgia del
pasado pero desde un punto de vista mucho mas actual. Tiene hasta su propio
momento “escaleras”, y aunque bajo mi punto de vista resulte mucho menos
inspirador que el original, se agradece que copie aspectos sin que se note la
copia descarada. Creo que también hay cierta analogía entre la búsqueda de
identidad propia del personaje protagonista respecto a su padre con la del
propio film respecto a la saga Rocky.
Probablemente no era necesaria una nueva entrega, estoy
bastante seguro de esto. Visto desde un punto de vista pragmático, no aporta
mucho mas de lo que ya se ha visto y la mayor parte del film se ve venir, como
en todas las de Rocky. Se trata simplemente de una versión actual de la película
original pero no en cuanto a argumento, si no mas bien en cuanto a propuesta de
film. No pretende ser una copia, si no mas bien un homenaje a Rocky, un
reconocimiento de sus orígenes y a la vez una declaración de intenciones para
actualizar la saga y darle un nuevo rumbo, que sea propio. Es una película de
casta y esfuerzo, entretenida, épica como todas y perfectamente ejecutada. Muy
recomendable.
SINOPSIS
Adonis Johnson no llegó a conocer a su padre, el campeón del
mundo de los pesos pesados Apollo Creed, que falleció antes de que él naciera.
Sin embargo, nadie puede negar que lleva el boxeo en la sangre, por lo que pone
rumbo a Filadelfia, el lugar en el que se celebró el legendario combate entre
su padre y Rocky Balboa. Una vez allí, Adonis busca a Rocky y le pide que sea
su entrenador. A pesar de que este insiste en que ya ha dejado ese mundo para
siempre, Rocky ve en Adonis la fuerza y determinación que tenía su enconado
rival, y que terminó por convertirse en su mejor amigo. Finalmente, acepta
entrenarle a pesar de estar librando su propio combate contra un rival más
letal que cualquiera a los que se enfrentó en el cuadrilátero.

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