[REVIEW] Call Of Duty; Infinite Warfare

martes

Un records de dislikes en Youtube cuando se lanzó el primer tráiler del nuevo Call of Duty no hacían presagiar nada bueno, pero como era de esperar, al parecer las ventas están acompañando. Es lo que tiene el mundo gamer. Dejarse influir por las tendencias generalizadas y criticar lo que la mayoría critica, para formar parte de las masas, es una actitud bastante habitual entre los amantes de la filosofía “hate”. Sencillamente odiar mola, mucho mas que lo otro, que hace tanto tiempo que no lo hacemos que ya ni siquiera recordamos como se llama. Pero cuidado, esta es una de las veces en las que un gran cambio contextual puede justificar todas esas críticas. Mezclar una saga tan prolífica como Call of Duty con “Star Wars” puede dar lugar a una peligrosa mezcla. Y lo cierto es que si, “Infinite Warfare” se siente mas como un paso a un lado que como un verdadero paso hacia delante dentro de la saga.


Todavía sigue habiendo mucho que gusta en este nuevo COD, pero la falta de innovación y la ausencia de nuevas ideas, no empuja a la saga hacia delante de una manera realmente significativa. Pese a todo, sigue siendo un juego agradable e intenso que demuestra una destreza técnica y un sentido del espectáculo que muy pocas sagas bélicas tienen en su haber. Call Of Duty sique siendo, sobre todo, una montaña rusa de momentos épicos, tiroteos desde situaciones imposibles y una fiesta de explosiones de esas que te queman las cejas pero te hacen escapar de la muerte en momentos verdaderamente “in extremis”. Eso nunca va a cambiar porque es uno de los “santo y seña” de la casa.
Este año se toman cosas del espacio, y la mayor parte de la acción sucede tanto en el modo campaña como en el modo zombi del juego. Infinity Ward ha atrapado casi toda la campaña de marketing en estos modos y, para ser franco, en realidad son modos que simplemente cumplen con su cometido. A diferencia de otros Call Of Duty’s previos, hay un enfoque muy riguroso en todo lo que se refiere a guerra vehicular, y teniendo en cuenta el peso del espacio en la obra, es fácil  intuir que habrán naves de esas que nos permiten combatir en gravedad cero. Eso no es malo en absoluto, ya que el puñado de combates aéreos que se dan en el espacio tienden a ser brillantes e intensos, al menos durante la campaña de un jugador.

Precisamente en ese modo tomaremos el control de recién ascendido comandante Nick Reyes, que por caprichos del argumento tendrá que combatir contra una facción rival que quiere tomar el control de la Tierra. El Almirante Kotch (Jon Nieve de Juego de tronos), es el cabecilla de los enemigos que durante los primeros compases nos atacarán y nos obligarán a trasladarnos a uno de los últimos barcos de guerra que quedan en la  órbita del planeta. De una manera similar al mapa que teníamos en Mass Effect, posteriormente podremos elegir que misiones deseamos llevar a cabo en un mapa de la galaxia que definirán las condiciones que tendremos en la misión, ya que cada una se desarrolla en un planeta diferente.
Pese a todo, incluso con misiones paralelas y otro tipo de objetivos que suponen novedad en la saga, Infinite Warfare sigue siendo un juego de formato lineal, pero eso no significa que no existan objetivos secundarios realmente interesantes y diversos. Dicho esto, el mayor problema del juego es que en realidad la narrativa nunca tiene la fuerza y el peso de otras entregas. Además, el tono político habitual en la saga es inconsistente. Nunca llega a despegar realmente y durante las aproximadamente cinco horas de campaña, uno nunca siente que sus acciones tienen algún sentido o consecuencia para la historia. Esto se ve reforzado además por el mediocre villano de Kit Harrington, que tiene cara de bueno y ya lo hemos encasillado en el papel de héroe y noble, como Jon Nieve. Ante la asunción de un planeta entero, nunca aparece realmente como malvado, villano o siquiera amenazante para la especie. Y al final todo se reduce a una campaña unidimensional que no da lugar a divergencias, lo que es una vergüenza dada la complejidad de la propuesta del juego.

Por otro lado, en un intento de que la guerra se sienta mas futurista, hay una ingente cantidad de enemigos robóticos que no están manejados por humanos, pero en la práctica funcionan exactamente igual. Durante los tiroteos, son difíciles de distinguir y, aunque van armados hasta las trancas intentando parecer futuristas, se mueven y manejan como cualquier otro tirador surtido de armas que podríamos encontrar en combatientes humanos. La única diferencia es que estos robots son hackeables. Por lo tanto, cabe la posibilidad de manejarlos si usamos el gadget correspondiente. También hay wallrunnings y jet packs, pero son limitados en su uso y los entornos tampoco hacen mucho para fomentar su uso.
Sin embargo, aunque no hay una gran cantidad de sustancia en la campaña del juego, es cierto que me encontré divirtiéndome por unas cosas u otras en la mayoría de los niveles de Infinite Warfare. Call Of Duty sigue siendo en el fondo Call Of Duty, aunque hayan pasado 25 años y haya engordado 50 kilos. Su manera de jugar es la habitual, y además Infinity Ward se las ingenia para equilibrar correctamente el combate terrestre con el uso de naves y otro tipo de ideas surgidas a raíz de las posibilidades espaciales. Además, una vez superado el juego, se desbloqueará el modo especialista, que además de resultar el modo mas difícil, te obligará a tomar conciencia de donde te están dañando y como eso tiene un efecto inmediato en las habilidades de combate. Si nos disparan en un brazo, por ejemplo, quedará inhabilitado, con lo que no podremos apuntar correctamente o tirar gadgets. Si te disparan en una pierna, caerás al suelo, y así. Es un modo sin duda interesante.

Por otro lado, Infinite Warfare tampoco se llevará ningún premio a la innovación por su modo multijugador. Para decirlo sin rodeos, me quede bastante sorprendido por lo mucho que esta entrega se parece a la del año pasado. Las pocas novedades se reducen a un nuevo modo de juego y, obviamente, a un nuevo abanico de mapas y armas. Si es cierto que hay ligeros cambios, como el sistema basado en la personalización de nuestros soldados que, como el año pasado, nos permiten un poco mas de personalización. Pero en general, el modo multijugador es muy similar al de Black Ops 3, con lo que los fanáticos de este modo de juego encontrarán en la mayoría de las cosas un tono muy familiar. Tampoco es malo del todo, ya que aunque se imite a Black Ops 3 con su sistema de movimientos y clases (al menos en gran parte), sigue siendo un autentico placer de jugar, siempre que te gusten los modos de juego frenéticos claro está. Desde luego no resulta en absoluto un modo revolucionario, pero las sensaciones de estos modos, al menos, no se ven tan resentidas como si pasa en el modo campaña.
El modo zombie de este año es uno de los modos donde mas esfuerzo se ha puesto de cara a enganchar a jugadores nuevos, o al menos eso es lo que se reiteraba desde Infinity Ward. Sin embargo, es un poco chocante comprobar que sigue siendo un modo duro como el infierno, así que no sé como los jugadores nuevos van a ver en este modo un aliciente de juego. De todos modos, hay que reconocer que se trata probablemente de uno de los mejores modos zombie de toda la serie, aunque solo sea probablemente por sus escenarios. Hay también novedades, como las habilidades únicas para cada personaje que podremos elegir antes de cada misión en formato de cartas. En realidad son una especie de paquetes que podremos invocar en cada partida con sus propias ventajas cada uno. Lo mas importante a destacar, sin embargo, es que hay dos tipos de cartas. Unas son regenerables (están disponibles antes de cada partida) y otras son perdibles, lo que significa que una vez que las usemos se perderán para siempre, o hasta que las volvamos a conseguir/comprar.

Es cierto que resulta extraño que precisamente el Call of Duty mas futurista carezca de visión de futuro, pero eso no significa necesariamente que sea un mal juego. De hecho, en líneas generales no está mal, pero creo que es un paso muy “segurola” y continuista de lo propuesto en la anterior entrega. La campaña para un jugador, a pesar de resultar poco profunda, sigue siendo explosiva con sus limitaciones y todo, en el sentido metafórico y literal de la expresión. Combinado con los modos multijugador y zombies dan una obra enormemente agradable, aunque probablemente podría dársele un toque de atención por resultar demasiado complaciente y poco ambiciosa. Ese, probablemente, sea su mayor defecto. Eso, sin tener en cuenta su sistema de microtransacciones, que ya empieza a alcanzar cotas realmente preocupantes.


Creo que esta saga se merece no, necesita un descanso..

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