Quien mucho abarca poco aprieta. Es un refrán que significa que quien pretende realizar muchas cosas al mismo tiempo, no será capaz de hacer bien ninguna. También parece el paradigma sobre el que se ha construido la última entrega de esta famosa saga de flipados al volante, tuners, y jugadores casuales de la velocidad. Han sido muy pocas las entregas de Need For Speed que se han construido bajo un concepto puramente arcade a la vez que respetaban las premisas originales de la saga, siendo precisamente estas las entregas mas destacadas. Lamentablemente esta no es una de esas ocasiones. Han querido tocar tantos palos que al final se han quedado en tierra de nadie. Quizás por eso no han acertado a ponerle un sobrenombre como “Most wanted”, “Underground” o “Ponte el cinturón”…
Debe ser una tarea horrible plantearse el reinicio de una saga especialmente cuando se trata de una franquicia de carreras. Si pretendían conseguirlo, realmente han errado el tiro, ya que la propuesta original de Need for Speed apelaba a la conducción de coches de lujo de alta gama y persecuciones policiacas con tintes épicos. En su defecto, ahora tenemos policías en prácticas que necesitan la “L” para conducir y versiones “chonis” de Ferraris y Lamborghinis que es en lo que se convierten cuando nos dejan ponerles pegatinas y vinilos de marcas de neumáticos o bebidas energéticas. Desde hace tiempo la cultura “underground” ha sido tomada como el pináculo central de la serie así que no parece tener mucho en común con la idea que surgió en 1993. Mas que un reinicio de la serie, hay que tomarselo como un replanteamiento, cogiendo mecánicas y conceptos que han funcionado en títulos anteriores, pero haciéndolo a medias y embarullándolo todo en un popurrí de juego cuyas intenciones nunca quedan completamente claras.
El juego se centra en la cultura del automóvil urbano y el énfasis en el estilo de vida de corredor de la calle con todas las ilegalidades que ello implica. No estaremos vengando la muerte de nuestro hermano a manos de un policía corrupto al margen de la ley. Simplemente encarnamos a un tipo que ama los coches, que tiene deseos de conducir y que comparte esos sentimientos con un grupo de gente afín. No hay mucha historia. Los perfiles de nuestros compañeros cumplen los estereotipos de películas similares a “Two fast two furious”, con nuestro Toreto, la tía chunga, la tía buena, el graciosillo al que nadie toma en serio y otro tipo de personajes cuyo papel se ve venir porque si no, no tendrían función alguna dentro del juego. Y como no, la omnipresencia de Ken block como Dios de la cultura “cabra”.
Como se veía venir, cada uno de los personajes representa un tipo de pruebas y un estilo diferente, desde la velocidad hasta el estilo. Todas nuestras acciones dentro del juego ayudarán a generar un perfil de nuestro tipo de conducción pero hay un desequilibrio brutal en este aspecto. Mientras algunos estilos son prácticamente imposibles de subir, el estilo “forajido” (o lo que sería el temerario) lo subiremos como la espuma. Si ya es fácil subir ese estilo en un juego arcade donde arrasamos las calles como si fuéramos Godzilla, imaginaos si además nos dan puntos de ese tipo hasta tirando los conos que delimitan el arcén. Es muy fácil conseguir puntos de un tipo y muy difícil de otros. Y por si esto fuera poco, el juego defiende la idea de que en la mayoría de las pruebas no es necesario ganar para quedar primero. Se plantean muchas pruebas de derrapes o de conseguir puntos por estilo, con lo que las probabilidades de arrollar el mobiliario urbano se multiplican exponencialmente. Realmente hay muy pocas pruebas donde se premie la velocidad y el quedar primero, y eso es contraproducente en un videojuego de coches donde, como dice Toreto, debe dar igual ganar por un centímetro o un kilometro. Ganar es ganar…
El componente competitivo se ve mermado en muchas ocasiones. El juego de por sí ya es bastante fácil de superar (incluso de conseguir el platino) y uno puede pensar que al menos la competitividad puede explotarse al poder comparar nuestros logros y tiempos con los de nuestros amigos. Ni así. Es difícil saber en que pruebas quedamos por detrás y en cuales delante, dado que no hay un apartado central donde comparar todo esto. En su defecto tendríamos que recorrer “manualmente” toda la ciudad, o el mapa, para ir a los puntos de inicio de cada prueba e ir comparando una por una. Un autentico coñazo. Además, hay dos aspectos que se comparan aquí. Uno son los puntos de estilo y otro el tiempo de carrera. Es posible que hayamos sido mas rápidos pero haciendo maniobras menos espectaculares, con lo cual habría que repetir la prueba si queremos ser los reyes supremos del cotarro. Al final ni reyes ni vasallos, directamente será un aspecto del que pasaremos olímpicamente por su pésimo planteamiento.
El juego ni pica ni rasca. Al poco afán competitivo se le suman además unas pruebas muy repetitivas con trazados exageradamente sosos y olvidadizos. Por si fuera poco, su planteamiento de mundo abierto implica que continuamente tengamos que estar mirando el GPS para saber si vamos por el camino correcto, y esto sumado a la cantidad de luces de neón en la imagen y la oscuridad permanente hacen que cada carrera sea mas una experiencia traumática que un acontecimiento divertido. Realmente ninguna de sus apuestas llegan a convencer del todo porque no se define como un juego este tipo u otro. De hecho, incluso los reglajes de los coches incitan a torcer el gesto porque no sabremos si lo que intenta es ser un simulador o un juego de conducción arcade. En cuanto a esto, hay un aspecto clave que es la prueba fehaciente de que al sistema de control no se le ha tomado en serio. Si en un juego de conducción no es necesario levantar el acelerador en ningún momento de la carrera para nada, ni siquiera al frenar o para realizar trompos, es que algo no se ha hecho correctamente. Y es lo que pasa en este NFS, que puedes dejar apretado el gatillo con celo, que será exactamente lo mismo.
El lugar elegido para todos estos despropósitos es Ventura Bay, una imitación de “Los Angeles” donde siempre es de noche y rara vez deja de llover. Hay una exageración estética de narices. Las luces son mas brillantes de lo que deberían ser, la oscuridad es mas oscura de lo que debería ser y los reflejos reflejan mas cosas de las que deberían reflejar. Realmente en la mayoría de las ocasiones cuesta ver por dónde vamos dada la cantidad de elementos de distracción que hay en pantalla. Lamentablemente uno de ellos no es la ciudad, que es fea de narices. Además, deberemos recorrerla a cuatro ruedas si queremos encontrar puntos de interés como grafitis o miradores que, todavía hoy, no se qué función cumplen en el juego porque su aporte no va mas allá de la mera curiosidad. Resulta ser un contenido tan extra como irrelevante.
Decía que el juego se quedaba a medias en todo porque alguno puede pensar que bueno, aún queda el tunning, cosa que sería de lo mas normal teniendo en cuenta el “branding” y la atmósfera del juego. Nada mas lejos de la realidad, Si bien en nuestro garaje tenemos acceso a una zona de tunning, estas modificaciones se limitan a vinilos y colores de pintura pero no a modificaciones de línea excesivas. La inmensa mayoría de los coches no se pueden modificar, y otros solo nos dejarán ciertas partes que además tendremos que ir desbloqueando buscando sus piezas por el mapa. El crafteo no es algo que combine excesivamente bien con los juegos de coches pero en EA han debido de pensar lo contrario. Si precisamente lo mejor de estos planteamientos son los continuos regalos que nos dan por ganar carreras (en el primer Underground era realmente desbordante), aquí no hay nada de eso. Una vez mas, han eliminado lo mejor del planteamiento, en este caso el efecto ilusión, para quedarse con la parte mas parca y abstemia eliminando de raíz las partes atractivas para quedarse con lo peor. Si alguien espera aquí dar rienda suelta a su creatividad, que sepa que casi la totalidad de las veces va a tener que hacerlo con pegatinas y logotipos de “No Fear”.
En definitiva, la última entrega de esta famosa saga es un juego mal diseñado. Las mecánicas de juego no tienen mucho sentido y lo que siempre ha funcionado como un tiro dentro de la saga se ha mancillado con planteamientos tediosos. Las persecuciones de policías son anecdóticas, tanto en número como en presencia o influencia en la carrera. La IA está desequilibrada, pensada para que se genere un pelotón de corredores aunque la lógica nos diga que deberíamos sacarles un buen trozo. Muchas veces, ganar o no, resulta bastante arbitrario. No hay atajos que coger, y eso era uno de los aspectos mas divertidos de otras series, pero tampoco hay saltos ni acciones in extremis. No se sabe lo que este NFS pretende ser. Parece un juego con planteamiento sobrio pero a la vez es un arcade donde se nos incita a realizar maniobras temerarias y derrapes, sobretodo eso, derrapes. Ni siquiera la música, que en un juego de conducción es importante ya que la música tiene como una especie de simbiosis intrínseca al estilo de conducción, tiene un papel relevante. Durante gran parte del juego ni nos daremos cuenta de que está sonando, y eso en un juego de EA, que normalmente siempre ha destacado en este aspecto, es bastante llamativo.
Atar todo esto en una narrativa con los personajes del juego y que encima tenga sentido se antoja bastante difícil, y es aquí donde el juego podría salvarse, pero tampoco. Las cinemáticas son escenas reales mezcladas con elementos por ordenador y vistas desde una perspectiva en primera persona, como si lo viésemos todos a través de nuestros propios ojos. El problema de todo esto es que encarnamos (o somos) a un personaje completamente insulso que no dice una sola palabra en todo el juego pero que por algún extraño motivo se gana a todos desde la primera carrera. Cada escena es un compendio de estereotipos y conversaciones de cabezas huecas que no paran de chocarse los puños, beber bebidas “Monster” y darse palmaditas en la espalda. La historia es inexistente y las escenas no aportan mucho, pero es cierto que son espectaculares de ver. Por otro lado, la adoración hacia nuestro personaje es excesiva, rozando un “chupaculismo” casi preocupante. Si no es suficiente que siempre se dirijan a nosotros aunque estén manteniendo una conversación entre ellos, es sumamente irritante sus llamadas continuas por teléfono para recordarnos que hay una carrera nueva disponible y que si no vamos inmediatamente parece que el holocausto nuclear sería inminente. Todo mentira, pero es curioso como un personaje sin voz, voto ni aspecto tenga tanto peso en las vidas de los demás.
No son buenos tiempos para la saga, y personalmente me alegra saber que como ha pasado con otras (Assasins Creed) van a tomarse tiempos de desarrollo mas largos y a evitar que tengamos una entrega por año. Quizás así se pase esa sensación de sobreexplotación y ya este año no, pero para el año que viene tengamos una entrega en condiciones, como la de Hot Pursuit, que es la última que recuerdo que mereció la pena...




¿Te lo has pillado barato o qué? jeje... es que hace poco lo he visto para PS4 de segunda mano y he estado tentado, pero algo me decía que era mejor dejarlo ahí.
ResponderEliminarTe voy a contar una anécdota que tuve con la beta, ahora que no nos escucha nadie. La IA era una locura, y los coches de policía aparecían y te perseguían sin descanso. Como siempre es de noche, o casi, ví un hueco para esconderme. Me meto, paro y apago las luces.
Cuando me doy cuenta resulta que he aparcado en la mismísima comsiaría. Juas... xDDD. El descojone de los que estaban sentados a mi lado en el sofá fue épico. Anécdotas aparte, creo que mi intuición me avisó con acierto de que no estaba ante un buen NFS. Ojalá el próximo esté a la altura.
Me lo pille barato en la store cuando llegaron unas rebajas. Y menos mal…
ResponderEliminarTambién me paso algo parecido en las comisarias pero sin tanta gracia :). Hay ciertas pruebas del juego que te exigen hacer una persecución durante 5 minutos y bla bla bla. Pues resulta que dando vueltas por la ciudad no encontraba ninguno y dije, pues si no vienen ellos a mi, voy yo a donde ellos.. Marque en el mapa la comisaria, llego allí y no había ni Dios. Me puse a liarla por el parking y los alrededores a ver si se daban por aludidos pero nada. Allí no se presentó nadie….
Si te lo dejan echale un ojo, pero nada mas. Yo no pagaría mas de 10…