Parece mentira pero hace tan solo 12.000 años nos estábamos
matando con palos y encendiéndonos los cigarrillos con piedras. Es un poco la
situación que plantea Ubisoft con este nuevo Far Cry por el que, lo reconozco,
no daba mucho antes de jugarlo. El giro de la saga me parecía muy arriesgado.
Una franquicia que siempre ha apostado por las armas de fuego y la acción
rambesca no puede llevarnos ahora a la época del “Caveman Ninja”, donde no
existía aún ni lo uno ni lo otro. En cualquier caso, eso no le exime de intriga
y emoción por descubrir una tierra
advenediza donde tribus formadas por hombres primitivos y animales salvajes
luchan entre sí. Afortunadamente, no le han puesto un numerito al final del
título y lo han tratado como lo que es, un spin-off.
Hay algo de místico en Primal del que carecen los anteriores
títulos de la franquicia. Pasear por un bosque de secuoyas mientras los rayos
de sol atraviesan sus hojas y nos deslumbra es una sensación bastante salvaje.
El diseño del mapa es fantástico, y combinado con la dureza y dificultad del
juego hace que la experiencia se sienta francamente brutal. El ciclo del día y
la noche añade tensión (la dificultad a oscuras se incrementa) y nos deja claro
la importancia de tener constantemente un fuego que utilizar como una valiosa
fuente de luz. La conexión del juego con la madre naturaleza (no solo con los
animales) es un componente que hace de esta entrega algo mas especial de lo
habitual. Hay mucha vida silvestre y mucha variedad de entornos. El juego es
mas bonito de ver, aunque bien es cierto que técnicamente no es que haya
mejorado demasiado respecto a su antecesor.
El mundo se siente mas vivo gracias a todas estas cosas y a
otras como la colocación de enemigos, muchísimo mas aleatoria y peligrosa que
antes. Todo esto hace que la sensación de amenaza sea mas constante. Los grupos
de enemigos suelen ser mas reducidos, pero en clara desventaja armamentística,
nos costará bastante acabar con ellos con lanzas y flechas, así que el juego
nos incita a utilizar constantemente la táctica del sigilo. Además, a esto
tenemos que sumarle la presencia de animales salvajes, que pueden atacarnos
tanto a nosotros como a ellos. No es fácil sobrevivir en la prehistoria, y
Primal nos dejará bastante claro que en aquellos tiempos llegar a los 30 años
tenía que suponer todo un logro… El juego se siente brutal, gore y desesperado,
como si estuviésemos sobreviviendo en un lugar donde no deberíamos estar.
La supervivencia será la principal preocupación de Takkar,
el personaje principal. Takkar es un miembro de la tribu Wenja que se encuentra
en la tierra prometida de Oros, casi por accidente, después de huir de un tigre
con dientes de sable durante una cacería. La labor de Takkar no será intentar
volver a su tierra natal, si no intentar formar una sociedad prospera en la
nueva tierra. Pronto se dará cuenta de que otras tribus han tenido exactamente
la misma idea que él y no van a utilizar técnicas precisamente pacíficas para
conseguirlo. Takkar (o sea nosotros) tendremos que encontrar a otros miembros
de nuestra tribu que también se encuentran perdidos para difundir la raza por
todo wenka y colonizarla, por supuesto acabando con el resto de las tribus. Si
la trama suena simple es porque realmente lo es, pero en esencia describe
perfectamente lo que significa el planteamiento de un juego Far Cry: asumir el
control del mapa y matar a sus enemigos.
Nada mas.
La narrativa no es especialmente brillante. Puede tenerse
una historia sencilla pero la manera de contarla puede hacerla interesante. No
es el caso, aunque por otro lado esa sencillez primitiva tiene bastante sentido
en su mundo. La inmersión en cualquier caso es bastante alta, gracias en parte
al lenguaje inventado que han tenido que crear para la ocasión. Lo cierto es
que suena muy bien, tribal y cavernícola, pero a veces dejan una sensación
extraña en cuanto a querer explicar ideas realmente complejas mediante un
lenguaje con construcción “tarzanesca” (ir allí, matar Udam). Los subtítulos
si, son obligatorios.
Si en los anteriores Far Cry la gestión de los recursos era
un componente clave para avanzar en el juego (manejar armas, munición, pieles…)
aquí lo es todavía mas. Dado que Ubisoft plantea un mundo donde la
supervivencia es un objetivo onmipresente, tendremos que asegurar nuestro
estado para cualquier cosa que pueda venir. Navegar por los menús se convierte,
pues, en algo bastante habitual dado que generalmente no podemos llevar
demasiadas cosas equipadas. Tendremos que pasar un montón de tiempo cazando
animales y recogiendo objetos, y puede llegar el momento de resultar tedioso,
pero adelantarnos a posibles peligros hará que nuestro avance en el juego sea mas
cómodo. Sin embargo muchas veces durante el juego uno se pregunta porque matar
a los demás seres vivos que pululan por ahí. Por qué no simplemente
esquivarlos. La respuesta es sencilla, porque si no lo haces, tarde o temprano
te matarán ellos a ti. Esa sensación de utilizar y justificar la violencia
nunca ha tenido tanto sentido como en un juego basado en la prehistoria, una
época donde no existían códigos morales y la vida ajena valía el alijo que
pudieses saquear de ella.
En esta saga siempre se ha puesto especialmente énfasis en
la elaboración de componentes. Por lo general, desollar animales nos permitirá
llevar bolsas mas grandes o mayor número de flechas, así como las plantas, que
nos permitirán curarnos entre otras cosas. Hay, por otro lado, una especie de
saco donde diariamente nos regalarán elementos aleatorios ya fabricados, pero
generalmente casi todo lo que hacemos nuevo en el juego requiere algún tipo de
elaboración. Lógicamente, si no saqueabas algún enemigo, en aquella época era
prácticamente imposible encontrar algo ya fabricado tirado en el suelo. Las
armas, los consumibles y las herramientas tienen mucho que ver con la
progresión de la historia y ambas partes forman un conjunto excelentemente
combinado.
Si bien se ha potenciado toda la parte logística, la parte
que ha salido peor parada es, lógicamente, la del combate, que se ha
simplificado drásticamente. Primal no es un juego de acción para flipados. Es
un terreno donde prefiere no adentrarse. Todas las armas son completamente
nuevas (hasta el arco, que no funciona exactamente igual que siempre) cambiando
drásticamente las formas de entrar en combate respecto a los anteriores. Casi
todas las armas, exceptuando las arrojadizas, han sido planteadas para
utilizarse cuerpo a cuerpo, y combinadas con las posibilidades que nos brindan
los animales (ahora entraremos en ello), nos harán sentirnos un autentico señor
de las bestias. El combate, en el sentido mas estricto de la palabra, se siente
mas en este Far Cry que en cualquiera de los anteriores, que resultaban mucho
menos orgánicos y viscerales que Primal. Es cierto que hay mucha falta de
armas, pero animales domesticables como “el lobo” o “el dientes de sable” son
una manera de recompensar esa circunstancia paliando en gran medida el hándicap.
La aportación mas grande de esta entrega es lo mas cacareado
de ella, la posibilidad de domesticar algunos animales salvajes que nos ayuden
en nuestros quehaceres. Afortunadamente no se trata de domesticarlos mediante
una labor a la larga, la mayoría de las veces pasaremos a domesticar cierto
animal (uno en concreto, no toda la raza) después de superar una mini-misión
muy similar a aquellas en formato psicodélico que planteaba el 3 y el 4. El
búho será el primer animal que podremos utilizar, pero luego pasaremos a
domesticar otros animales como lobos, tigres y osos. Obviamente cada uno tendrá
unas posibilidades diferentes, pero casi todos tendrán una orientación hacia el
combate y realmente no pensé antes de jugar al juego que darían tantas
posibilidades. En general se comportan como las armas, cada una con sus
ventajas y sus inconvenientes, pero funcionando de manera autónoma y viva.
Todos los aspectos de Far Cry 4 de alguna manera se han implementado aquí de
forma interesante y única, pero en formato animalístico. Resulta un componente
vital, y el aprovechamiento de las facultades de cada uno sale de manera
natural.
En general, no puedo decir que este Primal haya sido una de
mis experiencias favoritas pero si que es de las mas originales de los últimos meses.
Era difícil concebir un juego de mundo abierto con las limitaciones del mundo
de hace 12.000 años, pero Ubisoft ha salido indemne del envite. El mapa se ve
impresionante, pero al mismo tiempo triste, decadente y violento. La sensación
de muerte pulula por todos lados así que Primal es un juego de mirar mucho a
nuestras espaldas. Pese a toda la tensión constante, el juego resulta
divertido, y los animales se utilizan como si fueran gadgets. Si es cierto que
la continua búsqueda de recursos y gestión de los mismos puede cansar un poco,
pero en general es un juego bastante equilibrado. La trama y la narrativa son
un poco inconsistentes pero hay bastante material independiente como para
disfrutar otras situaciones, como las misiones secundarias. Primal no se mueve
en un contexto político tan fuerte como el resto de la saga, pero no creo que
los jugadores de la saga Far jueguen a sus juegos por eso. Si lo que buscas son
muchas misiones, principales y secundarias, un gran mapa (mas pequeño de lo
habitual), artesanía y una evolución del universo latente, Primal es un juego
para ti.




Tienes un poder de persuasión extraordinario, porque a mí no me hacen caso ni de Ubisoft, ni de EA, ni de ningún sitio... jaja.
ResponderEliminarBueno, pues tras leer el análisis, me entran dudas. Me estás diciendo que sí, que está bien, pero que no es para tanto. Vengo del 4, que me ha gustado bastante, y no sé, este cambio tan drástico, a pesar de sus bondades no me acaban de convencer. Igual mis expectativas estaban algo altas.
Me haré de él más adelante, rebajado de precio. Todavía ando por yermos como el de RAGE en estos momentos...