Una historia de amor y cáncer. No hace falta ser ningún
lumbreras para saber que la cosa no puede acabar bien. “Bajo la misma estrella”
es el film de la versión homónima del libro de John Green que, reconozco, no he
leído. Sinceramente no me apetece chuparme 300 páginas sobre una historia
dramática con un trasfondo de amor idílico pensado para adolescentes que aún
creen en el amor por encima de todas las cosas, incluso la muerte. Pero tampoco
me apetece valorar el valor literario de la obra escrita. El cine es una
disciplina completamente diferente, y bajo la misma estrella ofrece, dentro de
su género, algunas cosas que son para valorar positivamente.
(seguramente habrán spoilers)
Si. Es una película romántica, efectivista en el mas
estricto sentido de la palabra. Su objetivo es el drama y para asegurarse de
que lo consigue parte de una situación que ya es dramática de por sí. Plantea
de buenas a primeras una situación compleja en vez de llegar hasta ese punto
contándonos una historia. Así pues, es la historia la que surge en base a esa
situación y no al revés. Quien se ponga a ver esta película ya sabe que va a
pasarse la mitad de la película con un nudo de aire en la garganta. La
inevitable condena a la que están sometidos los protagonistas no hace si no
incrementar ese sentimiento de injusticia que se respira desde el minuto uno
hasta los títulos de crédito. Y creo que hay una cita en el film (de las mas
famosas al parecer) que resume esa filosofía: “El mundo no es una fábrica de
conceder deseos”.
He de decir que no me gusta esa fórmula tan “segurola” de
llegar al público. Prefiero las historias de amor mas sencillas y realistas,
que no tienen que tirar de grandilocuencias para demostrar que el verdadero
amor solo surge en base a acciones heroicas, grandes gestos o situaciones
extraordinarias. En ese sentido prefiero películas como la maravillosa “Como
locos (Like Crazy)” o incluso “Blue Valentine”, con las que es mas fácil
sentirse identificado y son, sin duda, mucho mas realistas y cercanas.
Reconozco que la película tiene un algo, un “no se que” (que
en realidad si sé que es) que hace que la fórmula funcione. Pese a ser,
básicamente, una historia de amor entre personas con el destino escrito, no es
lo suficientemente empalagosa como para resultar una pastelada. Además, tiene
ese toque “indie” que hace que tampoco sea excesivamente moña, dejando al final
un regusto de alegre tristeza del que nos avisan al principio del film. Los
personajes son cercanos, y tienen el carisma necesario como para conectar
rápidamente con el público. La banda sonora es magnífica, y generalmente apela
a la emotividad sin complejos pero sin que resulte demasiado evidente, con
música actual. Algunas citas son especialmente reseñables pero hay que estar
muy atento, ya que una frase sin aparente trascendentalidad puede tener muchos
matices a nada que nos molestemos en darle un par de vueltas. Finalmente es un
film que se disfruta, sin duda, aunque sea solo por la seriedad que desprende
una historia mas bien pensada para soñadores romanticones con la lágrima
suelta. Por otro lado, aparece esporádicamente William Dafoe. Un actor que, he
de reconocerlo, no era santo de mi devoción hasta que jugué (y disfrute) el
Beyond Two Souls. Ahora la cosa es bien diferente.
Sin embargo, he de plantearme ciertas cuestiones sobre si la
historia hubiese trasmitido exactamente lo mismo si los personajes hubieran
sido poco atractivos, o hubiesen tenido cierto punto de personalidad
despreciable. Todo lo que rodea a ambos personajes resulta encantador, desde su
manera de ser, hasta su aspecto y los personajes que componen su vida familiar.
Al fin y al cabo podrían haber tenido vidas perfectas si no les hubiese tocado
la cruel lotería de tener una enfermedad mortal que no les va a dejar disfrutar
de ello. Y es que no hay nada mas desconsolante que le pasen cosas malas a las
personas buenas de una manera tan arbitraria y desalmada. Está todo como muy
premeditado para hacernos sentir, todavía peor, cuando a los personajes les
sucede algo malo.
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