Game Gear: La gran portátil de SEGA.

viernes

1991. Hace casi un cuarto de siglo de aquel año donde muchos de nosotros, si estamos ya entrando en la edad de los treinta y tantos, éramos unos mocosos que asistíamos a diario a nuestras clases correspondientes de EGB. Si echamos un vistazo rápido, contemplamos los cambios tan sustanciales a nivel general y social, que hemos experimentado desde entonces hasta ahora. Barcelona y Sevilla se preparaban para sus grandes momentos del siguiente año (Olimpiadas y Expo respectivamente). Empezábamos a acostumbrarnos a tener más de dos canales en televisión y a saber lo que era uno codificado. “Oliver y Benji” junto a Los “Caballeros del Zodíaco” nos hicieron flipar durante horas interminables frente al televisor de tubo, sin HD ni TDT. Como mucho alguno se apuntó al ilegal vídeo comunitario, y otros alquilábamos pelis en VHS en el videoclub de la esquina.

Estaba naciendo la época dorada de la música dance con sus megamixes, dejando atrás el “bakalao”. LPs y cintas de casete tenían los días contados con el magnífico CD. No había internet (y si lo había era para cuatro privilegiados con conexiones que hoy día consideraríamos ridículas) y quien tenía un ordenador en su casa sencillamente era como un dios. Por supuesto no había móviles y ni mucho menos smartphones, tablets y todo el meollo digital que hoy día disfrutamos (o al menos quien pueda permitírselo, todo hay que decirlo).  Deportistas como Induráin comenzaban su leyenda y el fútbol parecía un deporte en el que ganaba quien jugaba mejor. Y después de todo este “remember” genérico del abuelo cebolleta, ¿qué pasa con las videoconsolas?. Pues por ahí andaban Mega Drive y Super Nintendo, ambas consolas de 16 bits prácticamente recién nacidas echándose un pulso histórico.


Y en lo que se refiere a portátiles, Sega, entonces principal rival de Nintendo en hardware, se vio obligada a quitar parte del pastel que se empezaba a merendar Nintendo con su GameBoy. O al menos a intentarlo. La cosa no iba a ser sencilla precisamente. La portátil de Nintendo tenía un precio de unas 16.000 pesetas aproximadamente, cosa más o menos asequible para la época, aunque ligeramente cara para el bolsillo de un trabajador. El precio se iría rebajando hasta llegar a las 9.000, un par de años después. Era la opción más tentadora. Consola portátil más un juego (de un tal Alekséi Pázhitnov, adivinad cual) que ofrecía vía pack, con unas prestaciones en relación calidad-precio muy ajustadas. Autonomía muy duradera, no consumía pilas en exceso y un gran catálogo de juegos, eran sus premisas. Sega con Game Gear, y otras como Atari con su Lynx (posiblemente a muchos ni les suene esta última) apostaron por ofrecer alternativas considerablemente mejores a la de Nintendo.

Game Gear se lanzó en Europa allá por Abril de 1991. Y venía muy en serio. Para empezar ofrecía una potencia gráfica descomunal para la época. Su pantalla retroiluminada a todo color suponía un salto espectacular en comparación con la monocromo de GameBoy que tenía que usarse con luz exterior. Los gráficos eran más nítidos, prácticamente era ver una consola de 8 bits en pequeño. Y tanto era así que sacaron un adaptador para jugar a los juegos de Master System en ella. Se podría decir que era una Master System de bolsillo. Además su diseño era totalmente opuesto a la máquina de Nintendo. Alargada a lo ancho disponía de una ergonomía más adecuada a las manos que la verticalidad de GameBoy. Lucía un aspecto moderno siguiendo la estela del diseño de las últimas máquinas de Sega. De color gris oscuro (aunque en Japón salieron varios modelos de colores), una pantalla muy grande y una presentación espectacular gracias a la publicidad de entonces que era mucho más agresiva que ahora.


Para los que les guste indagar en las especificaciones más concretas, aclararemos que era una máquina que contaba con un procesador de 8 bits (Zilog Z80A) a 3.58Mhz, disponía de una memoria de 64kbit (128 de Vram) y la pantalla era una LCD de 3,2 pulgadas que soportaba una resolución de 160x144 píxeles con una paleta de colores de 12 bits  (4.096 colores). “Texas Instruments SN76489” es el nombre del chip de sonido que soportaba hasta 4 canales de audio más 8 de voces, todo ello disfrutable con una calidad mono que se apreciaba mejor si conectábamos nuestros auriculares a la entrada minijack. Esto era una auténtica maravilla para la época. Una máquina absolutamente brutal que no tenía rival a nivel técnico. Dejaba a GameBoy sencillamente en ridículo. Hasta se podía ver la televisión si te comprabas el adaptador “TV Tuner”, algo inédito para la época. Observando esta máquina hoy día, aun nos sorprendemos de la calidad de la misma, y pensamos cómo es posible que semejante consola no pudiera hacer sombra a la rimbombante portátil de Nintendo, que prácticamente ni se inmutó. 

Es más, la tenemos en nuestras manos, y nos sigue pareciendo una portátil deslumbrante. Notamos el peso, que si bien no molesta en una primera toma de contacto y el material es agradable al tacto, al introducirle las pilas es cuando empezamos a sentir algo de incomodidad al sostener algo más pesado. La pantalla, que era toda una maravilla para la época, nos puede resultar algo incómoda para la vista. La iluminación, aunque regulable, hay que definirla con un valor más alto de lo normal debido al desgaste lógico de los componentes de la pantalla. Pero estas incomodidades pasan a un segundo plano al introducir algún cartucho. Es fascinante comprobar como todo un Sonic se muestra con tanta calidad, o probando otro clásico como Columns, podemos imaginar cómo serían aquellas partidas de los chavales que pudieron disfrutarla en su momento. Porque para ser un “pepinazo” de consola portátil, no fue capaz de salir victoriosa de su lucha enfervorizada contra la omnipresente GameBoy.


Para empezar el precio de salida no fue precisamente el más atractivo. Costaba casi el doble que GameBoy, entre 25.000 y 32.000 pesetas (aún recordamos algunos las cajas en supermercados como Continente, ahora Carrefour). Con ese dinero podías comprar un par de consolas de 8 bits, y a lo mejor te sobraba para juegos. Era muy cara y el concepto de videojuego no estaba tan bien mirado como lo está hoy día, aunque todavía le quede camino. Demasiado dinero para un “juguete” para el niño. Los pocos que se pudieron permitir el lujo, o mejor dicho, la cartera de sus padres, se encontraron además con otro contratiempo: la famosa duración de las pilas. Seis pilas AA eran necesarias para que la consola funcionara. Pero en apenas 4 horas, 5 como mucho, se agotaban. Si estabas en casa siempre podías tirar de adaptador de luz, pero esto, como es lógico, mermaba su funcionalidad como consola portátil.

Las ventas no iban demasiado bien, debido a esos dos factores: precio y baterías. Sega intentó remediar el asunto y decidió sacar incluso un pack con baterías recargables. Pero no se sabía si era mejor el remedio que la enfermedad, pues recargar las pilas costaba más del doble de tiempo que el que se requería para gastarlas. Así que, por unos motivos u otros, se empezaba a dar una de las primeras paradojas de la historia de las videoconsolas, que años después hemos visto cómo se repetía: ganaba la consola menos potente. Y eso que por juegos no fue. Game Gear rozó la friolera de 300 títulos disponibles de todo tipo. Siempre contó con apoyo de las “third parties”, y compañías como Tecmo, Konami o Codemasters estuvieron desarrollando juegos para esta portátil. Además debemos recordar que, si nos hacíamos del adaptador de juegos “Master Gear” contábamos además con todo el catálogo de Master System.


Casi 40 millones de juegos se vendieron en lo que duró la vida de Game Gear, que no fue un período corto precisamente. Desde su lanzamiento en 1990 en Japón (aquí y en USA fue en 1991) hasta 1997, que se despediría con su último juego oficialmente conocido: “The Lost World: Jurassic Park”. También Sega hizo una rebaja de precio pasados los años iniciales, y se pudieron vender los modelos posteriores a 19.000 pesetas de la época. A pesar de eso seguía siendo la opción más cara, y el dichoso “run run” de las pilas estaba ya tan extendido que ni las joyas más importantes de su catálogo (Sonic, Shinobi, Columns, El Rey León, Land of Illusion…) pudieron con Mario, Tetris y toda la tropa de Nintendo. Realmente Sega hizo lo que pudo con una máquina realmente soberbia y, aunque no destronó a GameBoy, fue un rival realmente digno y posiblemente adelantado a su época. Una consola irrepetible dentro del mundo de las portátiles y que desde estas líneas queremos ofrecer un humilde homenaje.

¿Y ahora qué pasa con Game Gear? Aunque siempre podamos tirar de emulador, no hay experiencia comparable que jugar la máquina original. Hoy día nos podemos hacer fácilmente de una Game Gear aunque con algunas reservas. El paso del tiempo no ha sido buen compañero de esta portátil, y será muy común que nos encontremos consolas de segunda mano con problemas con los diodos y los condensadores. Al parecer la pantalla LCD es más frágil de lo que parece. Reparadas y todo nos puede llegar a costar entre 50 y 70 euros sin caja. Si queremos con caja original y demás, se puede disparar hasta los 160 euros aprox. Y accesorios como el “TV Tuner” no abundan demasiado por las webs de segunda mano (y eso que hoy con la TDT ya no funciona). Por lo tanto debemos recomendar algo de precaución cuando busquéis una de segunda mano, ya que es muy importante asegurarnos que la consola esté en condiciones buenas, casi más por dentro que por el exterior.



Pasado los años es sorprendente contemplar cómo en incluso esto, GameBoy le ha comido la tostada. Se puede encontrar más barata y en bastantes mejores condiciones. Hay que reconocer que Nintendo rara vez ha ofrecido hardware de mala calidad. Pero que Sega no pudiera con Nintendo en lo que se refiere a portátiles (¿alguien ha podido alguna vez?), no quiere decir que Game Gear fuera una mala máquina. Nunca lo fue. La historia de las portátiles no se puede contar sin Game Gear. Ahora mismo, si disponemos de algo de recursos, podemos hacernos de una de estas fantásticas máquinas y rememorar aquella época. O, qué demonios, hacerte de aquella portátil que tenía tu vecino y te vacilaba, o que siempre quisiste tener de pequeño y nunca pudiste. Recordar esos días en los que podías “montártelo en colores” con Game Gear o “ir al mogollón, ir a la Nintendo”. Y eso sí que no tiene precio.

3 comentarios:

  1. Vaya, que nostalgia y que gran consola. Gracias a ella me encuentro yo aquí hoy, que fue mi primera consola con el Sonic, al cual le habré metido probablemente mas horas que al Fallout y al Skyrim juntos. No había día que no me lo pasase. En cuestión de 45 minutos me fusilaba el juego, sin gastar una sola vida y cogiendo todas las existentes en el juego. Eso si que era un speedrun.. :P.

    Joder que recuerdos, desde la caja, hasta el anuncio. Con cosas como esta es cuando uno se da cuenta del tiempo que ha pasado. Era increíble la cantidad que sacaron para ella. Tecnológicamente se prestaba mas a ello que la Gameboy…

    Por cierto, casualidades de la vida, este mes se cumplen 25 años del lanzamiento de otra gran videoconsola portátil, la LINX, de atary. Otra consola que también era a color…

    Genial artículo.

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  2. Gracias, es un placer colaborar, como siempre. Lynx es otra gran consola que pasó de tapadillo, como 3DO y otras... Jamás escuché ni por oídas aquella consola portátil en esa época. Era todo GameBoy vs GameGear. La "guerra" Nintendo vs Sega. Me enteré muchos años después, cuando ya había pasado la "edad del pavo" y me informaba mejor de lo que sucedía en este mundillo.

    Un saludo!.

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  3. Me acabo de dar cuenta de cómo pasa el tiempo al leer las especificaciones técnicas de la Game Gear. .. pantalla de 3,2 ", eso no está permitido hoy en los móviles jejeje

    La verdad es que yo si que me acuerdo de la Linx y la 3D0...y eso que no soy aficionado a las portátiles...pero anda que no he estado años y años comprando la Hobby con la paga de los domingos. ..Yo con mi NES, y soñando que algún día pudiera tener una consola con los gráficos de NEO GEO jajaja

    En fin, que viejunos que somos y que bien nos lo pasamos XD

    Buen artículo, Solid. Gracias.

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